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Las palabras que amenazan.

Las que son pausa y son silencio.

Las que estaban al principio.

Las palabras reales. Las traducidas.

Las interpretadas en el alcance

de su verdadero significado.

Las que se sitúan alejadas

en el cierre de las frases.

En las imágenes servidas

con su eco transcurrido.

Las que hacen daño.

Las que calman.

Las que suenan viejas

como un susurro.

Las palabras que nos retratan.

Las que nos persiguen

porque sí sin saberlo.

Las que ríen con nosotros.

Las que nos consuelan

y se pierden con el recuerdo.

Estas que son sólo poesía

pura premonición.

¿Quién se atreverá

a reconocerse en ellas

y firmar su pulso inquieto?

Su verdadero significado.

 

Del libro, Poesía sola, pura premonición

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