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La amistad es parte de la vida.

Su sombra sube hasta el dormitorio

y se multiplica en el sueño

y nos une al daño que nos hicieron.

 

Son como las riñas de taberna.

Como las hijas que deseamos abrazar

algún día y las despreciamos

porque se nos parecen.

 

Y ese vagabundo errante

que desconoce que también

nosotros nos lanzamos al camino

porque no teníamos miedo.

 

Y ese vagabundo

que desconoce lo que nos hizo

la vida en el camino

porque no lo sabíamos entonces.

 

Y ese vagabundo es ese ángel

que esperábamos encontrar

y ahora despreciamos

como nos pasó a nosotros.

 

Así es la vida, palabra que nos acongoja.

Materia inerte que nos hace desaparecer

en un instante. Amistad que perdura

pese a que sintamos que estamos solos.

 

Del libro, Poesía sola, pura premonición

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