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Porque esperas humillada, háblame

de aquella arruga, de aquella palabra

que aguardabas durante meses.

Porque sabes de la fuente y nada del fuego

dime de la hipocresía que encierra el deseo.

Desnuda como estás, háblame del amor

si es que existe, esa tu belleza hundida

y arrogante. Cuántas veces traicionada,

cuántas rendida con la mentira de unos ojos

preparados para ello. Amor, dime

por qué los abrazos son iguales y nerviosos

como el infinito. Háblame de aquel beso

hondo, pero que a nada sabe.

Háblame de la memoria que descubre

tus palabras, olvidándolas por dentro.

Una vez más y desnuda como estás,

háblame de la verdad en unos brazos

llenos de desprecio, y cuántas veces

creció la esperanza en tu huida

hacia delante. Háblame del aliento,

que nos quema. Dime si son verdad

las palabras que sobreviven

al recuerdo y por qué te sientes

tan despreciable y tan vieja.

 

Del libro, Cavando la tierra con tus sueños

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