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Os diré que mis manos nada nuevo han cogido.

Pero al menos encontré un libro blanco

donde puedo juntar mis palabras por la noche.

 

Mis ojos el mar no vieron, pero navegué.

Mi cuerpo jamás venció, pero fui vencido

donde nadie se atreve a reconocerlo.

 

Tras pedir perdón amé como un loco.

Tras hacerlo como se reconocen los errores

donde no corre el paso del tiempo.

 

Mi cuerpo que vio cómo marcaban a otros.

Mis ojos que sintieron un mar helado

donde no había mapas para saberlo.

 

Siempre soñé con un viaje lejano

en el que encontrara la felicidad perdida.

Pero encontré otros ojos con otras lágrimas.

 

Otros secretos inconfesables

que no merece la pena reconocer

cuando la vida marca a todos con su incierto peso.

 

Del libro, Poesía sola, pura premonición

 

 

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