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Mugalari, mayo 2010.

Kepa Murua ha publicado Poesía sola, pura premonición. Sus casi seiscientos poemas revelan una composición que empezó hace veinte años, cuando Murua abrió siete cuadernos donde plasmar su visión de la vida y la poesía. Como resultado, un proyecto unitario que aglutina temas, estilos y miradas muy diversas.

 

Murua nos recibe en Gasteiz, donde trabaja y saca adelante su otro gran proyecto, Bassarai, la editorial que nos ha descubierto a fascinantes poetas europeos como Nordbrandt o Fischerová, o narradores tan personales como Adamek, Genazino o  Rifbjerg. Rompiendo el tópico del artista ensimismado, Murua sorprende por el orden de su oficina: una mesa despejada, un pequeño ordenador blanco y una agenda donde apunta los eventos de la semana. Y en medio, un grueso volumen titulado Poesía pura, pura premonición. Atrás quedan títulos como No es nada, Las manos en alto, la trilogía Itxina-Flysch-Faber o Un lugar por nosotros.

 

R.: ¿Ha cambiado de editorial?

P.: No exactamente. Tras la publicación de No es nada mantengo mi relación con Calambur. Sin embargo, con ocasión de la publicación del ensayo Del interés del arte por otras cosas por Ellago Ediciones, hablé de este libro a Francisco Villegas, quien aceptó ilusionado el reto de publicar, cuando la ocasión fuera propicia, un libro de este calibre.

 

R.: La obra sorprende al instante por su extensión.

P.: Sí. El trabajo poético de los libros anteriores resulta importante en mi biografía personal y literaria, pero este era mi trabajo más continuo y oculto. El cambio también se aprecia en una voz más serena. Además, tras veinte años necesitaba un resumen sobre el hombre, la poesía o la creación desde un punto de vista muy amplio. Por ejemplo, en No es nada se refleja algo tan concreto como el dolor y la esperanza. Aquí, en cambio, toco muchos temas, estilos y miradas.

 

P.: ¿Qué es Poesía pura, pura premonición?

R.: Ante todo, no es una antología. Reconozco que es un libro extenso; recoge veinte años de escritura, un repaso a mi vida como poeta y a mis pensamientos en torno a la escritura. El primer poema se escribió cuando vivía en Berlín, hacia 1989, y el último se retocó durante las correcciones, por lo que es un libro que contiene poemas del siglo XX para el siglo XXI y poemas del XXI que recuerdan a finales del XX.

 

P.: ¿Hay una estructura?

R.: El libro se divide en siete espacios o cuadernos, y un epílogo final con breves poemarios a modo de resumen que termina con un capítulo esclarecedor: “Como he soñado”. En él se presentan las vivencias del poeta en medio del carácter premonitorio que nos concede el sueño. Cada cuaderno está dividido en cuatro poemarios, cada uno de los cuales tiene unos sesenta poemas.

 

P.: ¿Con qué se encuentra el lector al abrir el libro?

R.: El primer cuaderno se titula “Ventanas frente a frente”, que aluden al mundo del paisaje y del hombre que mira y es observado a su vez. Vuelvo a los espacios del paisaje exterior e interior donde habitan los sueños y los recuerdos, y los anhelos se presentan con esas palabras que en las personas se descubren diferentes hasta que el destino las junta de nuevo.

 

P.: Por tanto, ¿puede decirse que la vida aparece en el libro antes que la poesía?

R.: La vida manda a todos con su paso incierto. Al hombre le queda la poesía tanto como la memoria, que sin libertad se muere, porque lo que se sabe mira al pasado y lo que no se sabe contempla el presente. Entre medio, aparecen temas poéticos como el descubrimiento del cuerpo o del amor cuando parece que la vida y la muerte no son lo que eran.

 

P.: ¿Por qué “poesía sola”? ¿Y por qué “premonición”?

R.: El título bebe de las fuentes de la poesía profética, de la evocación de las palabras, de lo que se ve, se intuye, se escribe y aparece más tarde o se cumple un día. Es poesía sola porque está también sola, porque se presenta sin interferencias, a la espera de su descubrimiento por un lector que interprete sus cambios, luces y sombras. Y es premonitoria porque nos abre los ojos al futuro cuando el poeta escribe de lo que ve y sucede sin más.

 

P.: Siento intriga. ¿Qué es la premonición?

R.: Aquello que se escribe, se siente y sucede después.

 

P.: ¿Y han sucedo tales cosas?

R.: Sí, muchas de las que se escribieron han sucedido. Por el contrario, hay otras que no, porque se juega con una escritura al límite.

 

P.: Escribe en un poema lo siguiente: “Si del silencio nace la palabra, del sueño la premonición”.

R.: Lo afirmo en uno de los poemas que bucean en el significado de las palabras, que nos avisan no sólo de lo que fuimos, sino también de lo que seremos, como en un siglo donde el recuerdo se interroga por lo que viviremos. La premonición es también la poesía que se rebela ante el recuerdo.

 

P.: Habla de recuerdo, pero ¿qué papel desempeña la imaginación –para algunos restringida a la narrativa– en su poesía?

R.: Hay corrientes que identifican la poesía con un yo poético muy fuerte, pero desde hace mucho tiempo también hay autores que trabajamos con un yo poético camuflado que cuenta cosas que no le han ocurrido o que pone experiencias propias en boca de otras voces. Eso no significa, con todo, que no haya sentimiento.

 

P.: Si no me equivoco, lo hizo en No es nada.

R.: Sí, no soy una mujer, pero en ese libro hay una voz femenina. Además, la imaginación también debe estar en la poesía para, por ejemplo, recrearse en diferentes paisajes.

 

P.: Volvamos a su nuevo libro. En él hay momentos duros. ¿Qué sucede en el segundo cuaderno, donde irrumpe el miedo?

R.: En el segundo cuaderno, el hombre se muestra como es, con sus heridas, con la piel quemada, porque así como existe lo que nadie ve y siente, lo que nadie pronuncia y se vive, lo que parecía imposible de descifrar más allá de las cosas, surge la realidad que nos rodea cuando vivimos en una sociedad que nos retrata.

 

P.: Que nos retrata y, al mismo tiempo, nos desconoce.

R.: Sí. Lo que se ve no es importante frente a lo que parece que no existía cuando aparece la realidad más oculta. Como nadie nos ve como somos, vivimos y sentimos el subterráneo, la oscuridad. Surge el miedo, por lo que, por costumbre o por seguridad, volvemos a abrir las ventanas y regresamos a casa.

 

P.: ¿Y se encuentra la seguridad en ella?

R.: En el cuaderno tercero, las puertas caen, las de la casa, las de la vida, las de la poesía. A la intemperie, el cielo queda de testigo.

 

P.: ¿Como si quedáramos solos ante la nada?

R.: Verse en medio de la nada nos lleva a pensar en lo que somos, en lo que decimos, en cómo vivimos. Es la búsqueda, pese a los dilemas posibles, pese a las injerencias en el camino o a las intermitencias que se cruzan en nuestro destino. Y en la búsqueda construimos el refugio, nuestra defensa, nuestro propio temor. Alzamos el lugar, que es una manera de vivir antes de que acontezca la muerte.

 

P.: ¿La muerte sigue siendo la única verdad?

R.: La muerte nos supera, nos sobrevive, nos oculta, nos delata y nos atemoriza. Pero antes, en la vida, debemos reconocer el polvo del conocimiento, la felicidad momentánea, el aislamiento y la integración en la sociedad del presente y del futuro.

 

P.: ¿Y cómo imagina esa sociedad del futuro? ¿Ayuda la política?

R.: Creo que todos estamos muy confundidos. La política debería dejar de interpretarse como los intereses de cada grupo. Habría que buscar postulados de convivencia y tolerancia en clave moderna, es decir, metiéndonos en la piel del otro, que viene a ser como el lector en literatura. La política necesita del ciudadano desconocido. Además, y aunque cualquier ciudadano puede contar experiencias decepcionantes en relación con la política, tenemos que mirarla de manera optimista porque, de lo contrario, volvemos al caos, a las ruinas y a las sombras, lo que degenera en guerra y barbarie. Suele ser entonces cuando nos llaman a los poetas.

 

P.: ¿Cómo termina el libro?

R.: Al final del proceso, el sueño o el descanso vuelven a enumerar lo vivido. En “Como he soñado” se pueden leer los poemas que hablan del paisaje, de los sentimientos, de la palabra, del tiempo, de la divinidad, del viaje, del final mismo. Son los treinta últimos poemas, que resumen los treinta capítulos que contienen los ocho cuadernos.

 

P.: ¿Inscribiría este libro en alguna corriente poética actual?

R.: Creo que no es poesía del absurdo, desde luego, ni poesía social o expresionista. Tampoco la veo como poesía narrativa ni oral, mágica o religiosa. Como recurre a las formas y estilos de los diferentes lenguajes poéticos en uso, es poesía al límite que se confunde con el tiempo y las palabras que viven en el mismo tiempo. De poder ser algo, podría ser poesía del futuro.

 

P.: El lector, por tanto, se enfrenta a un libro exigente.

R.: Sé que he escrito un libro extraño, pero todo en él está medido y clasificado, ordenado y sentido, observado y vivido, escrito y leído en un tono único y en unas medidas exactas. La atmósfera es propia de la poesía del futuro, pero la presencia es la de un hombre que se interroga por su vida en cualquier tiempo y lugar, de este u otros mundos posibles, porque de la misma imposibilidad de conocer su destino nace la poesía sola.

 

P.: ¿La poesía da la razón al futuro?

R.: La poesía es parte del futuro.

 

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P.: ¿Qué fue de la salvaje inocencia?

R.: No se pierde. En este libro queda algo del chispazo en los ojos de aquel chaval que escondía una forma de ver el mundo que con el tiempo se va aclarando y que, con cierta ingenuidad, estaba entonces y ahora. No voy a decir que me mantengo puro, porque, como suele decirse, todos cometemos pecados y los años pasan, pero hay que pensar que merece la pena respirar y abrir los ojos todos los días.

 

P.: ¿Qué tal se lleva con el paisaje?

R.: Muy bien, creo que soy algo pietista. Cuando quiero reflejar la trascendencia, de la que todo el mundo habla, recurro al paisaje y a la solidez de la naturaleza frente a la fragilidad del hombre. Soy contemplativo. Me gusta mirar el mar, pero también la montaña o la ciudad, porque busco mis momentos para vivir en soledad, y el paisaje me da no sólo belleza, sino también tranquilidad para encontrar el silencio con el que hablar conmigo y reflejarme. Sin olvidar la humildad que transmiten una colina o el mar: uno se da cuenta de la poca importancia que tiene el individuo, que no el ser humano.

 

P.: Y cuando se retira del paisaje, ¿qué hace?

R.: Nadar. Y también escuchar música. Rock and roll, mucho jazz o clásica. Me gustan Messiaen, Stravinsky o Chopin, o autores actuales, no clásicos, como Franco Battiato.

 

P.: ¿Qué escucharía por la mañana?

R.: La música barroca es perfecta para un domingo por la mañana.

P. R. T.

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