Etiquetas

,

Vuelvo a Lena Constante, releo La evasión silenciosa o tres mil días sola en las cárceles de Rumanía. Ella cuando no era nadie. Ella que no era nada, su verdad que no era verdad, sino la verdad de sus torturadores. “La escalera, el interrogador, las preguntas, las amenazas, el miedo”. El comienzo de un largo aprendizaje: “La evasión no es cosa fácil, aprendí poco a poco, a lo largo de muchas etapas”. El amor por la vida, el aprendizaje de la poesía y la pintura, sus silenciosas evasiones, evitan el sufrimiento y la locura de una persona que respira aislada dentro de su propia resistencia. La palabra que se nos olvida cuando hablamos de cárceles o de falta de libertad es “dignidad”. La dignidad de cada uno ante lo peor de los demás, la de uno ante su propia inmundicia, ante su propia verdad. La dignidad en aquellos tiempos no tan remotos y tan duros, la misma incluso en estos tiempos que corren. La que no cambia. La dignidad del corredor de fondo.

Anuncios