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Una palabra en boca de todos y que muchas veces no pertenece a nadie es lo que nos define. Cuando la empleamos pensamos que hablamos de política, pero no tiene por qué ser así. Somos libres cuando obrando de una manera u otra podemos decir que no a preguntas embarazosas que nos obligan a dar una opinión que hasta ese momento era duda. En el amor somos libres cuando amamos con libertad. Muchos nos mirarán con recelo, pero podemos lograrlo siempre y cuando coincidamos con la pasión en libertad del amado.

No es una regla de tres, ni una fórmula matemática. Somos libres cuando tenemos la capacidad para serlo. Somos libres para decir lo que nos apetece cuando tenemos la libertad de equivocarnos. Libres para no remediar lo que se nos viene encima hasta que notamos que falta esa libertad que no era gran cosa cuando la teníamos. No éramos conscientes de ello. Es lo que tiene la libertad, la tienes y parece que no vale nada, te la arrebatan y cambia el mundo. Casi como el amor.

Por eso la libertad está en boca de todos. Nos creemos libres cuando no sentimos el peso de la palabra. Y nos creemos los elegidos cuando otros no lo son porque viven peor que nosotros. ¿Qué sabremos nosotros que sabemos tan poco de la verdad del prójimo? No quisiera decir a nadie algo equivocado, pero cuando escucho la palabra “libertad”, como la palabra “amor”, me entra un auténtico escalofrío. Se ha hecho tanto daño con ese pretexto, se ha hundido tanto cuerpo con ese engaño, que me duele su justificación a todas horas.

Constato avances necesarios, prejuicios a soslayar, preocupaciones que deben madurar con tiempo, pero la libertad de decisión, unida a la de la responsabilidad individual en el conjunto de la sociedad, no puede relegarse a la voz de unos pocos que la redefinen a su antojo sumándole los epítetos que para unos están claros y para otros apenas representan nada. Libertad del pueblo, de la nación, de religión, de educación, de mercado, hasta que olvidamos, en nombre de la libertad, el verdadero significado de la palabra.

¿Cómo hablar de la libertad del prójimo si no sé si soy libre del todo para serlo? ¿Cómo interpretar bajo parámetros de libertad conflictos lejanos cuando no somos capaces de comprender lo que sucede a un metro de nuestras casas? Las palabras que se unen a la bandera de la libertad están viciadas por la historia y la interpretación que hacemos, según nuestra visión de las cosas. Numerosas definiciones circulan en torno a la palabra “libertad”, con todos sus intereses a la deriva. Como las trampas en el amor.

Quizá sea la misma palabra la que tenga en su voz su propio secreto. “Cómo me gustaría ser libre para amarte como quiero”, le confesó su amante un día. Ella respondió: “No necesito de tu amor para saberlo”.

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