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Territorios, El Correo, marzo 2008.

Dice Kepa Murua que el título de su último poemario alude a la necesidad de aligerar la pena, ese sentimiento que nos ronda y arremete a la menor oportunidad, que llega y difícilmente evacua nuestro corazón. Sin embargo, a pesar de este buen propósito, entre los versos reunidos en “No es nada” predomina el dolor sin recato y también el eco del sufrimiento en sus más diversas vertientes.  Aunque habla del amor y del deseo, aliento de vida, y de no rendirse ante los avatares del destino, sobrevuela sobre toda la obra una sensación de desamparo, a la que no es ajena la recurrente impresión de pérdida y nostalgia, el uso habitual de las palabras que lastiman. Muchos de los poemas parecen aludir a la necesidad de enfrentarnos al efecto del rechazo, de lo malogrado, del inevitable contratiempo o la terrible enfermedad, asumir el paso del tiempo y sus devastadores consecuencias.

Tal vez, esa pretensión de relativizarlo todo, de proporcionar un bálsamo para las heridas del espíritu, propio y ajeno, establezca el fin, consciente o no, de este libro, una colección de textos de factura clásica, intimista, similares en el grado de intensidad. El autor y editor guipuzcoano parece reclamar una extraña redención y sin embargo, el dramatismo resulta frecuentemente abrumador. “Cuando llega la locura no hay luz que borre la oscuridad que se multiplica”. Kepa Murua observa el abismo y nos lo cuenta.

G. Elorriaga.

Territorios

Viernes 21 de marzo de 2008/EL CORREO

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