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El Correo, noviembre 2009.

El poeta Kepa Murua y el fotógrafo José María Álvarez cierran con el libro ‘Faber’ su trilogía en torno a los paisajes

«La fragilidad del ser humano, contrapuesto a la solidez del paisaje» es una de las cuestiones que se reflejan en el libro Faber, que cierra la trilogía conjunta del fotógrafo José María Álvarez y el poeta Kepa Murua. El primer trabajo, titulado Itxina. Paisajes de luz’ (Bassarai, 2004), recogía con imágenes y poesía las formas naturales del paisaje en el área del Gorbea. «Tuvo un éxito inesperado, y la edición se agotó en menos de un año», recuerda Murua, que publicó el volumen dentro de la colección de arte de la editorial vitoriana.

Y apunta que «ya con la mano más suelta, porque hasta Itxina hacía tiempo que no trabajaba sobre un tema así, y con un paisaje más cercano al mío, el mar y la costa», surgió Flysch. La mirada devuelta’ (Bassarai, 2006), sigue el camino iniciado en Itxina. En este libro la mirada se posa en los acantilados de Zumaya y muestra el juego del agua y las formas de las rocas producidas por la erosión del mar.

Con Faber (Bassarai, 2009), el dúo dirige sus miradas hacia «el hombre constructor, que construye objetos y deja marcas y hechos diferenciales en el paisaje: señuelos, carreteras, cruces, señales…» Dentro de este proyecto, Murua ha desarrollado «un trabajo con prosa poética, en la que inevitablemente hay una poesía zen contenida». En ella «hay preguntas en torno a la vida, como ‘¿por qué estamos aquí?’», ejemplifica el escritor y editor.

A lo largo de las páginas de Faber, 60 fotografías y 40 poemas en euskera y castellano conforman una obra con un concepto «todo artesanal, en planchas, cuidado al máximo, con el fin de dar voz e imagen a un proyecto de reflexión sobre el ser humano». Y es que, en definitiva, en el libro se aborda «la importancia del silencio en medio del ruido del siglo XXI».

Murua admite que «no es algo nuevo en este campo o en otros, como la música de John Cage o la pintura de la escuela americana. Pero se trata de empezar de cero, con la intensidad de las fotografías, para intentar sorprender al lector y hacer que piense sobre lo que acontece, como cuando al mirar al cielo o al paisaje se deja llevar», expone el poeta, que subraya «la importancia del pensamiento y la mirada».

El vehículo literario son «estrofas de tres o cuatro líneas, con el fin de que el espectador las complete con su propia experiencia, con su biografía. El hombre ha de seguir adelante, sin olvidar su origen, su tradición y su cultura», sentencia el coautor.

Crítica a la ambición

«Es una especie de homenaje al ser humano que reconvierte el paisaje con su poderío, que también contiene una crítica a la ambición, desde la humildad, el silencio, la importancia de la comunicación, los gestos y opuesto al ruido». Y apunta el símil de «una plaza en silencio, con un árbol solitario, que está rodeada de ruido, bares y neones».

El autor prepara de cara al próximo año una nueva entrega de su obra poética. Será un volumen de 700 páginas, que Murua corrige y pule en un laborioso proceso.

N. A.

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27.10.2009 –

N. ARTUNDO

EL Correo

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