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Una de las pruebas más difíciles de superar en mi vida meditativa consiste en no hacer nada. Cuando mi maestro me planteó la cuestión, pensé que con los años se le iba la cabeza con juegos de niños. ¿No hacer nada? Lo más fácil del mundo, especialmente en las sociedades modernas donde todo lo hacen las máquinas y los ordenadores.

Para mi propio entretenimiento recordé momentos tocándome las bolas con la mente en blanco. Los domingos por ejemplo, aburrido y sin saber cómo pasar el tiempo. También me veo con menos años en la universidad escuchando las aburridas explicaciones de aquel profesor que se las daba de sabio y era un necio. Pero, para universidad del escaqueo, el ejército, donde además de no aprender nada, olvidé lo poco que sabía.

Con una sonrisa, mi maestro me dijo que esas cuestiones eran meras anécdotas si de verdad me abandonaba para que otros tomaran decisiones por mí, ya que como aseguraba, entre otras cosas, lo que más me gustaba era no hacer nada, o lo que es peor aun, hacer muy poquita cosa para evitarlo.

Así va el mundo poeta, me dijo. “Vosotros hablando y otros haciendo lo que les viene en gana”. Y me puso ejemplos: “Ves a ese político que miente, eso es hacer nada y vivir de ello. Ves a ese escritor que no publica, eso es hacer nada y utilizaros a todos. Ves a ese funcionario que no trabaja, eso es hacer nada cobrando por ello. Ves a ese banquero que dice que siempre gana, eso es hacer nada con el sudor de todos. Ves a ese país que llora, eso es hacer nada por sobrevivir. Ves esa guerra que sigue, eso es hacer nada para evitarlo. Ves esa hambre que existe, eso es hacer nada por impedirlo. Ves esa modernidad que os esclaviza, eso es hacer nada por remediarlo.”

Y siguió aún hasta que se me quitaron las ganas de escucharlo y ponerme a reflexionar en serio. ¿Hacer nada o hacer algo? Y puestos a hacer, ¿qué puedo lograr yo, si soy poquita cosa, frente a ese político, ese banquero, ese país que no me gusta cómo me trata?

Por lo menos algo más que no hacer nada. Algo así como lanzar el sofá por la ventana y pensar que de lunes a domingo hay momentos donde puedo hacer algo diferente antes que tocarme las pelotas pensando que todo está hecho. Pensando que no puedo hacer nada.

Y recuerdo otro ejemplo del maestro. “Si tuvieras a una mujer que te gustara a tu lado desnuda, ¿te quedarías sin hacer nada? ¿Harías lo que deseas o te dejarías llevar por las circunstancias?” Ante mi duda él dijo: “Ahí es donde deberías quedarte en principio quieto, para que ella te diga si desea lo que tú o si prefiere seguir tumbada sin hacer nada”.

Cuestión de hacer o no hacer siempre que se quiera cambiar o lograr algo. Cuestión de no pensarlo mucho y por lo menos de intentarlo.

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