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Mugalari, octubre 2007.

Los medios actuales de difusión de la poesía han sustraído al público del verdadero goce de la palabra, que se obtiene cuando se escucha de labios del autor la interpretación de esa partitura muda que es el libro. Si, además, el verso se acompaña de melodía, el público, que deja de ser “lector” para convertirse en otra cosa, adquiere una noción distinta, más intensa y verdadera, del poder de la poesía en la vida.

Por desgracia, son muy pocas las ocasiones en que los lectores podemos disfrutar, a la vez, de este doble placer. Por eso hay que celebrar la posibilidad que este otoño nos ofrece AgrupArte con Poemas y canciones, el trabajo conjunto –y casi colectivo, vista la nómina de artistas que han participado en él– de Kepa Murua y Tasio Miranda.

Cuenta Kepa Murua que hace cuatro años Tasio Miranda se le presentó con la guitarra bajo el brazo y dos canciones en la memoria. El compositor, cantante y guitarrista había musicado poemas del zarauztarra de una forma que a éste le entusiasmó. El siguiente paso fue una serie de recitales en los que ambos artistas engrasaron la maquinaria y pulieron el repertorio, seleccionando textos, ampliando el número de canciones… Ahora llega la culminación natural de ese proceso, un libro-disco de quince cortes donde las dos artes dialogan en austera y rica unión.

Los cortes alternan temas cantados por Miranda con recitados de Murua, pero combinados de una manera que se agradece por varias razones. En primer lugar, la secuencia de los temas es meditada y abre al público las dos vertientes, íntima y social, de Murua; ahí está, abriendo el disco, “Piden silencio”, de su libro Las manos en alto, al que siguen textos de interior que culminan en “Sé lo que vieron tus ojos”, esa contundente y desoladora declaración de intenciones que en la voz de Miranda suena serena y clara, experimentada pero sin rastro alguno de fingida aspereza. Por su parte, los poemas colectivos de Murua –que, ojo, nunca caen en la referencialidad que conocemos en otros, sino que usan símbolos que llevan al lector hasta el mundo que conoce– ponen la carne de gallina: el potente recitado de “Han abandonado la ciudad” se complementa con una sobria instrumentación de batería, guitarra, armónica y voz que prepara el puñetazo de “Norte sitiado”.

Además, el proyecto ha sido dirigido desde sus orígenes con certera, y sorprendente, visión musical. Miranda ha compuesto para los textos de Murua canciones limpias, usando ritmos y acordes hermanados con el folk, el country o el blues, lo que inicialmente parece estar en las antípodas estéticas de los, a veces, profundos textos del poeta. El resultado sorprende y estimula, al aportar una nueva mirada a textos de siempre.

La edición del libro-disco se complementa con una colección de quince fotografías en blanco y negro de Javier Berasaluce Bajo, artista vitoriano cuyo trabajo sirve de nuevo contrapunto a los textos de Murua. En fin, el libro-disco, grabado por otros músicos radicados en Gasteiz, sirve para reafirmar la vitalidad que las artes adquieren cuando dialogan entre sí con atención y sosiego.

Hay un lugar en el sonido donde música y poesía confluyen. Hace dos mil años era así. Poemas y canciones es, primero, una antología de Murua; segundo, una colección de canciones bañadas a iguales partes por la melancolía y la esperanza; y, tercero, una oportunidad magnífica para que artistas de distintos géneros tomen nota de lo que se puede hacer cuando texto, música e imagen confluyen en un proyecto común.

Pedro Tellería

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