Etiquetas

, ,

El Diario Vasco, octubre 2006.

La poesía, al menos últimamente, ha perdido o ha abandonado el sentido religioso que tuvo. Es algo evidente, para todo aquel que tenga sensibilidad poética, capacidad de raciocinio y poder de expresión. Aunque al perder la poesía su sentido religioso, sea ella misma, quizá, la que ha salido perjudicada. En el lugar donde antes se encontraba un bosque de palabras y de significados concretos, antiguos la mayoría de ellos, se amontonan ahora ramas caídas y desgajadas, árboles poco cultivados y abandonados, restos arbóreos, arqueología vegetal. Se ha intentado, se sigue intentando, dar forma a lo informe, encontrar orden en el desorden, buscar unir lo disperso y separado, las palabras que vagan por el aire, lo significados que se tienden en el suelo, a merced, de la lluvia, del tiempo, del sol impávido.

Pero, de vez en cuando, el poeta mira al cielo y canta. El libro de Kepa Murua, poeta afincado en Vitoria-Gasteiz, es una mirada puesto en lo alto, en ese cielo que sin verse se supone, y que suponiéndose sólo se consigue entender. «Animal oscuro, el cielo», es el primer verso del libro. La claridad no viene del cielo; el cielo ha dejado de ser ese lugar donde la luz predomina y la paz se extiende. El poeta, también el hombre, como ser de sombra, se ha convertido en un ser desvalido. «Como un dios acomplejado y miserable», «como un hijo no deseado». Tiempos oscuros, ciertamente, tiempo distantes. «Cuánta azul distancia», nos dice el poeta. Sinónimo de infinitud, trasunto de la tierra como lugar sin pulsión, territorio de la desidia.

La obligación de habitar el lugar donde se vive, lugar desconocido. El desconsuelo de vivir. La mano y la plegaria, la mirada caída. El hombre, animal oscuro.

El libro de Kepa Murua, un buen libro, es un libro de poemas que tratan explicar la situación del hombre actual, empobrecido en su ser, oscuro como un nube que pasa presagiando la lluvia e inútil en su dimensión. Cantos del dios oscuro, del delirio sutil, del ángel de cabeza blanca.

Felipe Juaristi.

Anuncios