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Tengo razón si sueño con lo imposible. Hoy en día lo imposible es aquello que no se puede vender, un objeto entre las manos que nadie se atreve a definir pero que sentimos con la esperanza de encontrar su nombre siquiera una sola vez. Y de eso se trata, de nombrar lo imposible para que suceda en lo que acontece a nuestro alrededor. Un sueño por ejemplo que se cumplirá cuando no se espera nada a cambio. Un amor que muestre su ternura y nunca su engaño. Una mentira que convierta en verdad lo que aparenta el fracaso. Situaciones que nos hacen creer en el prójimo y nos llevan a confiar un poco más en las cosas que pasan. Esos momentos que alguna vez atrapa nuestra piel cuando olvidamos los problemas que nos asolan y convertimos en centro de nuestras designios, con alegría contenida, la vida que nos golpea a menudo. Ese momento que nos descubre en la intimidad algo que es nuestro.

Por lo  menos lo imposible no puede ser peor que lo que vemos como posible y nunca logramos palpar en nuestras manos. Lo imposible no puede ser eso que nos cuentan que sucede en otros lugares. Lo imposible no puede ser una meta tan alejada. Lo imposible no puede ser lo que dicen que debemos hacer cuando quieren explicar cómo debe ser el mundo. Lo imposible desde luego no eres tú. Lo imposible no es un sueño que te asalta cuando no entiendes lo que te rodea. Lo imposible que quiere cambiarlo todo y se rebela contra cualquier locura que busque nuestro nombre hasta quedarnos en nada ante el vacío más absoluto. Lo imposible huye de las raíces y privilegios que te corresponden por haber nacido donde has nacido, por tener tantas cosas inservibles alrededor. Lo imposible no pretende nada de la noche a la mañana.

En la noche surgen los sueños difíciles de reconocer, pero es durante el día cuando aparecen los sueños imposibles de realizar. Todos tienen su locura imposible, todos buscan ese imposible que convierta en posible la metáfora de la existencia. Yo también me descubro en la sonoridad de tantos imposibles en la distancia. Lo imposible que nos lleva a no creer en lo que dicen, lo imposible que nos arrastra a la felicidad allá donde se arrepiente lo que nos daña. Lo imposible de decirte lo que debes hacer o pensar. Lo imposible de quererte como pretendes. Lo imposible que me dice que es verdad lo que nadie ha visto lo que se oculta a tus ojos. Lo imposible de un sueño que empezando por uno reconozca a todos. Que empezando por todos respete a uno. Un pequeño milagro que nos acerca a lo que parecía en principio imposible. Creer en las cosas como se cree en las personas que respetan a su contrario. Lo imposible que tenemos cuando tenemos que convivir con todos.

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