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Alguna vez te has preguntado por qué nadie te mira a los ojos. Te has mirado una tarde en el espejo sintiéndote sola o solo. Alguna vez has sentido la soledad como alma de doble filo. Dime que no. Pero si lo has vivido en tu propia carne, piensa en cómo anda el mundo cuando te olvidas del otro y desprecias a ese desconocido que también ha sufrido en su propia piel el descaro de aquellos que no piensan como él. El raro es el diferente, el que no tenga un apoyo pasa por un indefenso, pero te has preguntado si tiene razón siquiera lo que la mayoría de los ojos no ven hasta que nada tiene remedio. No puedes esperar a que te pase a ti, deberías ser más inteligente y certero. Y prevenir lo que tu olfato intuye como la última posibilidad antes de tocar fondo. Te has preguntado por qué hay alrededor tanto sordo cuando prevalece el ruido a todas horas. En el amor, en la vida, en el trabajo, alguna vez te has preguntado si de verdad es eso por lo que más deseas lo que te mantiene vivo ante tus semejantes. En el desamor también, asimismo en el silencio, incluso en el desprecio, aun en la vida que nos mata a cada hora que pasa lentamente, te has preguntado si tienen peso las horas muertas cuando no tienes nada en los bolsillos. Te has preguntado si es dolor lo que a veces se escucha como lamento. Y si es deseo lastimado lo que dura como si fuera el amor de quienes se conocieron hace tiempo y no saben remediar las distancias que generan las similitudes del cuerpo cuando la vida se confunde con costumbre y la pasión con engaño. Lástima de vida, estúpida y arrogante, porque nos retrata como somos cuando huimos de las sensaciones encontradas del pensamiento. Alguna vez mi sentimiento entre los ojos del otro, alguna vez la música del pensamiento entre el silencio cómplice de las cosas que nos aburren a diario. Piensas que tal vez no haya futuro, que tal vez no haya esperanza. Piensas que es así la verdad que nos descubre ante los otros. Nunca que las cosas grandes tienen su reflejo en las pequeñas y que los objetos tienen vida como sueñan los hombres y las mujeres cuando están dormidos. Piensas que, tal como están las cosas, no podremos volver a dormir tranquilos. Por lo menos los que estamos vivos, pues hay otros que ya no sabemos dónde están, otros que ahora no pueden contar que viven, otros a los que les despojaron su presencia y convirtieron su retrato en ausencia hasta que alguien les recuerde con ternura. ¿Crees que habrá alguien que sepa hablar con dulzura de nosotros, con suavidad de las cosas que nos gustan, con respeto de aquellas que nos disgustan? Alguna vez has pensado en alguna cosa bella como si fueras tú el otro. Tú, que ibas a abrazarme, pero que te mantienes lejos a menudo.

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