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El Correo-Territorios, 19 de mayo 2004.

Situar la obra de Kepa Murua dentro del panorama poético actual no es cosa fácil. Alejado de los grupos y corrientes de mayor nombradía, el autor y editor vasco profundiza con cada nuevo libro en una apuesta tan personal como arriesgada. Es la suya una poesía decididamente lírica e intimista que antepone siempre la sugerencia al detalle, y que parece tener como último objetivo la consecución de una clima de una temperatura, de una peculiar intensidad.

Quizá sea en “Las manos en alto” donde encontramos la particular poética de Murua expresada con mayor desnudez. Leyendo el libro, tenemos la impresión de que el autor se ha embarcado en un viaje hacia la esencia de su propia poesía y que para ello ha decidido aligerar su equipaje de cualquier elemento superfluo o accesorio. El resultado es un poemario que requiere del lector altas dosis de complicidad y que alterna el intimismo meditativo y muchas veces desesperanzado (“A veces llevamos las manos atadas/ a la espalda. No podemos caminar/ y caemos como peces en la red de un barco negro”) con la preocupación social bien entendida. (“Diréis que somos pobres e insignificantes / porque olemos como huelen los escombros /que cubren edificios de otro tiempo”). Algunos de estos poemas como “El país tarde” o “Harapo” en los que se atiende la realidad de nuestro tiempo sin descuidar la exigencia literaria, constituyen sin duda algunos de los mejores del autor.

Pablo Martínez Zarracina.

 

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