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Todo el mundo tiene un secreto. Si usted no lo tiene vaya inventándose uno por si acaso, porque ahora está de moda tener uno, ligero y manejable para cuando abra la boca. En teoría, los secretos no se pueden contar, pero tal como están los tiempos puede usted poner cara de interesante y hacerlo por lo bajo como si se tratase de lo último de lo último. Luego, no lo olvide, invéntese otro, uno más exagerado si cabe, para contárselo a su enésimo mejor amigo, que después de tantas confesiones, pensará que ha perdido la cabeza. Pero los dos sabemos que también él, si es inteligente y quiere hacerse el interesante ante los ojos ajenos, caerá en el mismo juego de guardar secretos unas pocas horas para delatar tan rápido como pueda a sus amigos del alma. ¿Secretos del alma? No sea usted ingenuo, esos están pasados de moda. ¿Secretos de faldas? Esos por lo que se ve los tiene cualquiera. ¿Secretos de los famosos? No sea idiota, esos no aguantarán otra temporada televisiva. ¿Secretos del corazón? ¿Para qué?, si la gente no tiene corazón. ¿Secretos de deportistas? No joda usted, que estos jovencitos no saben ni abrir la boca. ¿Secretos de dependientas? ¡Ah, pillín!, está usted chapado a la antigua. ¿Secretos de dinero? No, por favor, que en este asunto todo es como antes. ¿Secretos de prensa? Veo que no está por la labor… Para secretos de verdad, los de la política. Los que mueven la historia sin moverse de sitio y los que dirigen al personal sin moverse de lugar. ¡Que no lo ve tan claro! Y entonces, ¿cómo es que durante tanto tiempo, todos hemos pensado que los cosas iban por un lado y luego resulta que salen por el otro? En otras palabras, que lo que usted ve con los ojos no es la auténtica realidad del momento, sino una ligera fachada de lo que sucede. Y que lo que usted escucha por los oídos es una melodía aproximada de lo que se cuece en las salas privadas de los negociadores políticos. Y que lo que usted siente como verdad no se parece en nada a lo que le cuentan como si fuera un pequeño secreto compartido entre camaradas de la misma fila. Ya ve, secretos profundos para desconcertar al personal, por lo que si quiere profundizar en los mecanismos que mueven la vida política, empiece a inventarse sus secretos, cuanto más disparatados mejor, porque en este mundo lo que hoy es verdad, mañana resulta mentira, y lo que parece mentira, pura verdad. Quizá acierte de lleno sin pretenderlo. Eso es lo que tienen las mentiras, se confiesan para desprestigiar al prójimo y, sin querer, bingo. Y eso es lo que tienen las verdades, que al final todo se sabe porque nadie mantiene cerrada la boca. Pero mientras tanto, ni usted ni yo sabremos discernir si es mentira o es verdad, lo que para algunos es sólo su secreto.

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