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Arte Activo, nº 2, 2002.

En 1990 Kepa Murua se fue a Frieburg a completar sus estudios. Justamente habían derrumbado el muro de Berlín y la puerta de Branderburg dejaba de ser una frontera entre dos mundos.

De alguna manera la historia nos contamina, “el ser social determina la conciencia social” y la “conciencia social determina la conciencia individual”, como había dicho el genio de Tréveris hacia 1845.

Kepa Murua también derrumbó sus muros. Antes de marcharse a Freiburg rompió todos sus poemas, se fue vacío, como quien busca la pureza sin dolor. Pero una tarde, sobre un puente que dejaba marchar el crepúsculo entre sus piernas, la memoria empezó a devolverle sus poemas.

Roberto Lastre

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