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Me dices que no entiendes lo que escribo. Que te parece demasiado hermético y que a veces, con esas frases tan largas, parezco un poco pedante. Da igual, sé que lo dices sin mala intención. Yo tampoco te entiendo a ti cuando me hablas de tu trabajo y no por eso pienso que eres idiota.

Me dices que no me entiendes la mayoría de las veces cuando hablo. Da igual, yo tampoco te entiendo cuando vas del brazo de un pretendido amor a quien no quieres. Cuando sales con esas amistades a quienes criticas una vez que no las tienes delante.

Me dices que no compras mis libros porque no entiendes lo que digo. Si mantener mi amistad dependiera de si te entiendo o no, hace tiempo que hubiera dejado de escucharte. Hay cosas que no se entienden pero que trasmiten una magia inmensa que luego provocan emociones dispersas.

Si todo dependiera de lo que entendemos o dejamos de entender, no saldríamos a la calle con la ligereza acostumbrada. La vida no es una carga filosófica que nos convierte en continuos objetos pensantes, sino una maravilla que se estremece ante la duda de lo que acontece o la incertidumbre que nos asalta a la vuelta de la esquina.

¿O es que tú eres de esos que lo tiene todo claro? Cuando dices que nunca me entiendes te niegas a entenderte con el cuerpo del prójimo, con la piel del otro, -no con la del lobo-, con las emociones y sensaciones que, siendo de otros, puedes compartir como tuyas, aunque por ahora nada entiendas.

Me dices que no me entiendes cuando señalo mis cosas y que no sabes si hablo de literatura o política. Que no sabes si estás ante una insensato o ante un desconsolado idiota que intenta camuflarse entre las palabras que pronuncia. Y tú qué, ¿no lo haces a menudo? ¿No lo haces cuando sacas a pasear la lengua sin saber de dónde quieres partir y adónde quieres llegar? ¿No lo haces cuando hablas sin parar porque temes verte en silencios acusadores como cuchillos?

Me dices que no entiendes mi manera de vivir, preocupado por darle un sentido a lo que sentimos. Yo tampoco lo entiendo pero me gusta así. Veo con ojos distintos a los tuyos y donde tú no ves nada, veo belleza, y donde tú ves algo, yo miseria desconsolada de quien intenta vivir entendiendo todo sin comprender nada.

Me dices que no entiendes las palabras que utilizo. Me hubiera gustado que no fuera así porque el esfuerzo merece la pena. Pero es igual. La mayoría de las veces yo tampoco entiendo lo que pasa, pero cada día que pasa me siento libre para seguir no entendiendo nada, aun a costa de sentirme engañado con lo poco que merece la pena.

 

Pero tú, tú por lo menos no sabes lo que quieres cuando no entiendes lo que otros ven ante tus ojos. Palabras que se lleva el viento, palabras que cobran fuerza con otros delante. Y es una pena.

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