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El País, diciembre 1999.

Kepa Murua presenta una poética nihilista sobre la vida en una pequeña ciudad.

Siempre conté diez y nunca apareciste. Con este título difícil, el poeta y editor Kepa Murua (Zarautz, 1962) ha pergeñado 51 poemas que ahondan en la angustia finisecular de una pequeña ciudad, burguesa y solitaria, en un territorio que sufre distintas violencias cotidianas. La obra, ilustrada por el artista vitoriano Alfredo Fermín Cemillán Mintxo, ha sido publicada por Calambur, conocida por el cuidado trabajo editorial que realiza con sus libros.

La soledad y la falta de esperanza del individuo, la identidad del poeta en su proceso creativo (como una metáfora de la sociedad en la que vive) son algunos de los referentes temáticos -clásicos en la modernidad- de los que Kepa Murua echa mano en su último libro de poemas. Con una cuidadísima edición, Siempre conté diez y nunca apareciste es la última aportación poética de ese inquieto hombre de letras que es el editor guipuzcoano afincado en Vitoria Kepa Murua.

“El primer poema de este libro lo escribí en 1995 y fue el que dio título al libro. Ya en él aparecen las ideas que se desarrollarán en el poemario”, recuerda el autor de Siempre conté diez y nunca apareciste. Y así es. La desazón de la vida moderna que se podría resumir en la ausencia, el deseo no satisfecho y la nada como horizonte (el nihilismo, en fin) dominan en un libro que se concluyen en abril pasado.

Poemario difícil.

“Podría haber escrito un poemario más cálido, más fácil, con una entrada más sencilla, con un poema de amor a lo Neruda por ejemplo pero no quise que fuera así”, explica Kepa Murua, quien buscaba que el lector hiciera un esfuerzo. Porque lo que pretendía el escritor guipuzcoano, según afirma, es “escribir un libro subversivo que en claves poéticas habla del amor y los sentimientos en una ciudad  cercana”.

Además, en Siempre conté diez y nunca apareciste, Kepa Murua no se olvida del dilema que salpica toda la creación poética contemporánea: ¿Para qué sirve la poesía? “La intención era poner sobre el tapete la idea de que la poesía huye hacia la nada sin sentido ni conciencia alguna”, explica el autor.

El libro se complementa con una serie de siete ilustraciones, además de la imagen de portada, que han sido realizadas por el pintor vitoriano Alfredo Fermín Cemillán Mintxo. “Ha sido un proceso creativo realmente bonito porque Mintxo no sólo ha tratado de recuperar en sus dibujos el espíritu de la obra, sino que ha indagado en el ritmo de mi creación para seguirlo en la suya”, recuerda Kepa Murua.

Los dibujos reflejan con cruda nitidez el desarrollo del poemario de Murua, con incidencia en la soledad, el silencio y la incomunicación.

Aunque Siempre conté diez y nunca apareciste trate asuntos poco mundanos en principio, eso no quiere decir que Kepa Murua permanezca alejado de la realidad más inmediata. Así se verá en su próximo libro que publicará la editorial Germanías de Valencia, en el que -con un tono más narrativo- se presenta un provocador panorama de relatos de la cotidianidad vasca.

Txema G. Crespo.

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