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Leí un libro demencial, mal escrito, una pésima traducción, pero he aprendido algunas cosas que conviene recordar. El título, algo así, como El hombre de ninguna parte. La historia de un hombre que después de lograrlo casi todo en el mundo de la música reconoce de dónde viene, pero no adónde va. Un artista de renombre al que mataron a las puertas de su casa un día de invierno. ¿Su nombre? Lo de menos. ¿Su vida? Brillante para los que se educaron con su música y sus poses de pacifista revolucionario. Alguien que todavía llama la atención después de muerto.

Intuyo que el libro no se sostiene y que más que una biografía sobre sus últimos días presenta una visión demoledora del personaje de carne y hueso. No me importa si el autor miente. Lo que me importa es la locura de un hombre encerrado e incapaz de salir de su entorno, ensimismado y mimado hasta la extenuación. La personalidad desequilibrada de un hombre todavía joven, con sus miedos y envidias personales, difíciles de asumir por el resto de los mortales.

Al hombre de ninguna parte le podrían interesar muchas cosas, pero finalmente, porque estaba de vuelta de todo, sólo le interesaba el dinero. Por temor  a que se lo robaran era capaz de contar lo que tenía para saber que poseía más que sus viejas amistades. Desde luego con esa fijación no podía centrarse ni en su música ni en su vida. Acomplejado de tantas cosas, en las cuatro paredes de la intimidad era uno más como tantos, tomaba café, hacía el amor cuando podía, fumaba algún porro y por la ventana se fijaba en las bellas mujeres que paseaban por el parque. Pero no escuchaba la radio, no fuera que sonara alguna canción que le recordara su propio fracaso.

Le había vencido el personaje. Como muchos que terminan identificándose con él, había creado una máscara alrededor para refugiarse frente a la mirada ajena. Una  defensa o un contraataque que al principio tuvo efecto y que luego se convirtió en una auténtica pesadilla. Es lo que pasa. Necesitas del aplauso de la gente, pero al final huyes de su sonido para sentirte libre y reconocerte tal como eres. Y no me refiero a esos famosos domésticos de la tele, sino a los de proyección mundial, a esos que eran más conocidos que Jesucristo y que como él terminaron siendo crucificados por la gente que les quiso sin remedio.

El hombre de ninguna parte, una sombra rutilante donde la realidad no coincide con la historia oficial, la biografía de una estrella atormentada y prisionera de su propia fama. El hombre que miraba al noroeste, El hombre sin atributos, El hombre sin camino, títulos de otros libros y películas que en su fondo ocultan personajes aislados como una metáfora del tiempo que nos toca vivir, aun creyendo que estamos acompañados.

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