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El poeta debe ser hijo de su tiempo. Las palabras utilizadas, el gesto poético, la música del poema, su ritmo y fondo, el contenido, responden a una mirada que profundiza en lo que acontece al hombre como poeta. Inmerso en un entorno que podríamos llamar “ciudad”, “país”, “época” o “historia”, el poeta toma una distancia de los objetos y de las personas para reflejar una realidad que sustenta las interrogantes sobre el mundo y la condición humana. El poeta responde a meditaciones y vivencias personales con palabras. La contemporaneidad reside en la mirada. Somos poetas porque miramos con otros ojos lo que acontece alrededor. Somos poetas porque decimos con palabras lo que otros no son capaces de expresar por pudor o ignorancia. Una mirada exterior proyecta al paisaje, una mirada interior remite al hombre. Podríamos hablar del cuerpo y del alma de la poesía. El lenguaje poético es el latido donde estas dos esferas caminan con un paso u otro. Somos poetas porque intentamos descifrar el paso por el mundo. Descubrir el sonido de la existencia. Dotar a las palabras, que estaban antes que nosotros, de una nueva existencia.

Del libro La poesía si es que existe, Calambur Editorial

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